Cuando nos aproximamos a un problema tan grande y tan normalizado como la violencia de género, se tiende a simplificarlo. Solemos caer en estereotipos y conjeturas rápidas que invisibilizan a la pluralidad de mujeres víctimas de violencia; pero también se invisibiliza a otra parte muy importante: a los agresores, que generalmente son hombres. El gran problema no son ellas, son ellos. Sin embargo, al construir imágenes estereotipadas de los agresores, los difuminamos del problema y de las soluciones. Usando data y estudios, el investigador Wilson Hernández nos invita a cuestionar los mitos respecto a los agresores y nos propone mirar el problema en su real dimensión, haciéndonos cargo de lo que corresponde a todas las partes.
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